miércoles, 21 de noviembre de 2012

MIS ESPOSAS


No  me avergüenza admitir que he cambiado.
Que, en referencia al sexo, he mutado.

Que me casé, teniendo veintiséis
con una que sumaba veintitrés.

Y qué poco duré...

Al cabo de diez años me encontré
con otra que contaba treinta y tres.

Diez años más y casi sin querer
dejé con la segunda y me arrimé
a una que cumplió cuarenta y tres.

Estoy inquieto porque creo que
ya se acerca el momento de que dé
otro cambio en mi vida y no sé
en que otro puerto, al fin, recalaré.

Intuyo que hacia marzo, por instinto
me enredará, con sus cincuenta y cinco
esa mujer a la que me resisto.

Y no es que esté a disgusto, no señor.
Ya sé que soy voluble en el amor,
pero mi vida es cambio... sin rencor.

De cualquier forma, fijo que ha de ser
alguien que me acompañe por placer.

Que sepa que en ocho años volaré
con la que encuentre de sesenta y tres.

 
¡Ah! No quiero que quede en el olvido,
que pongo condición:
Las que vengan serán, como ya han sido
Reinas... del corazón.




 

 

 

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