domingo, 3 de abril de 2016

POETA



Un elogio.
Un aplauso.
Un reconocimiento.

Una reseña.
Una mención.
Un premio.

Una placa en un muro.
Un busto en una plaza.

Y al fin…
en Père-Lachaise
un mármol donde diga:
“En vida, fue poeta”


Somos, sin pretenderlo,
frutos de la endogamia,
del árbol del edén,
en colectivo.

Campos de leche y miel,
terrón de azúcar
para un mundo diabético.

Nocturno sol
sobre la cara oculta de la Luna.

Clamar en el desierto.
es nuestro sino.

Usamos por espada,
adarga y yelmo
elixir ancestral:
la poesía.

Hermana transexual
de la literatura.

Celofán del amor
y sus agravios.

Chispa de la bengala
que ni prende ni alumbra.
Efímera parodia de la vida.


Más no te engañes, bardo,
has de matar la bestia
para curtir el cuero.



Es traicionero el fango
de la autocomplacencia.

Te dices arquitecto,
ingeniero del verso.
¡qué iluso pensamiento!
No eres tú el creador,
es ella quien en ti
labra al poeta.

Tus ínfulas delatan
los anhelos cautivos.

No alimenta el almíbar,
sólo endulza la lágrima,
la sangre de la herida.

Tu júbilo y dolor,
cincha y bocado,
que fijen tu montura.

Suave brisa o tormenta,
galerna, temporal o calma chicha.
A remo o a vapor, susurro o grito
harás oír tu voz
…o tu silencio.

Mas no calles
y llora
y ríe,
¡emociona!

Trasciende la palabra.
Socava los cimientos.
Guía al cielo
o al Hades más profundo
a quien por tu saeta
caiga herido.

Persigue ser
sólo la cabellera del cometa,
aroma en la pradera,
aurora boreal,
un fuego fatuo,
una perdida nota
en la cantata.

A lo más una rima,
un verso libre,
de cualquier
olvidada
poesía.   




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